La familia, comunidad del amor

 En Educación, Familias

Todos estamos acostumbrados a escuchar la palabra familia varias veces al día, pero pocas veces nos planteamos el significado de esta en nuestra vida. ¿Qué es la familia? ¿Cuáles son sus superpoderes? ¿En qué me afecta? En este artículo voy a hacer una pequeña reflexión de lo que para mí supone la familia con la que, espero, se sentirán muy identificados.

Como todas las cosas bonitas, la familia nace del amor. Ese amor que mueve al hombre y a la mujer a dejar a sus padres para unirse en una sola carne, que los lleva a realizar la promesa más importante ante lo más sagrado, a emprender la mayor empresa de sus vidas en común, a caminar de la mano, juntos, hacia la Santidad. Ese amor y su juramento les convierten en matrimonio, y este les hace una familia.

¿La familia tiene Súper Poderes?

Cuando un matrimonio se jura amor eterno puede llegar a creer que es imposible amar a alguien más que a su cónyuge, pero cuando nace el primer hijo se crea el milagro de las familias, el amor se multiplica. Y aún en ese momento, embriagados de amor, a los padres primerizos se les puede ocurrir que no pueden llegar a amar a nadie más, pero milagrosamente, el amor se sigue multiplicando y multiplicando con cada nuevo miembro de la familia.

Además de una fábrica de amor, la familia es el manantial del que emanan todos los valores, la educación y el respeto, regando el alma de cada uno de sus miembros y haciéndoles crecer formados en plenitud.

Las 3 Palabras que activan la Magia

La familia es donde aprendemos a respetar todos los derechos humanos, el principal el derecho a la vida; donde nos enseñan a tratar a todo el mundo por igual, con la dignidad y respeto que merecen; donde descubrimos las 3 palabras mágicas que harán nuestra vida más fácil: “permiso, perdón y gracias”; donde aprendemos el valor de la honra y la importancia de actuar siempre con el corazón y en conciencia.

La familia es esa fuente de socialización primaria, en la que se construye el primer mundo de los pequeños, la primera realidad, la que forjará en groso modo su personalidad. 

El proceso de aprendizaje y socialización nunca es unidireccional, marido y mujer se influyen mutuamente, al igual que los padres influyen en los hijos, sin olvidar la influencia que ejercen entre sí los hermanos

Sobre el permiso, perdón y gracias, el Papa Francisco hizo una catequesis magistral en la JMJ 2016 Cracovia, que podéis leer a continuación

Todos aprendemos de todos

Todos los hijos hemos recibido lo más importante que tenemos de nuestros padres, yo a ellos les debo todo lo que soy, mis valores, mi integridad y mi honradez. De ellos aprendí que, como se relata en el alcalde de Zalamea, “El honor es patrimonio del alma, y el alma solo es de Dios”, máxima que me ayuda a serme fiel a mí misma, a lo que represento y a lo que ellos me han enseñado. Pero ¿Cuántos padres no han sido introducidos por sus hijos en el escabroso mundo de las nuevas tecnologías y las nuevas formas de comunicación? Dicho de otro modo, ¿Cuántos padres se han incorporado al siglo XXI gracias a sus hijos? En una familia todos aprendemos de todos.

La solidaridad desinteresada

Me gustaría reseñar uno de los aspectos más maravillosos de la familia. La solidaridad desinteresada.

Porque en una familia, los cuidados intensivos a pequeños, enfermos y mayores son recompensados con sus preciosas sonrisas. Espero que coincidan conmigo en que el poder de la sonrisa de un ser querido hace olvidar todos los malentendidos propios de situaciones especiales, el sueño acumulado de noches sin dormir, los compromisos sociales cancelados por urgencias, el micro infarto tras cada trastada del más pequeño de la casa y todas aquellas pequeñas cosas que pueden nublar nuestros sentimientos.

Aunque la solidaridad no solo consiste en cuidar del que lo necesita, también trata de ceder, compartir, ayudar, comprender, perdonar…, y todo ello es parte del ser familia.

La familia es eso tan maravilloso capaz de hacernos felices con lo mínimo. El primer diente de un hijo, sus primeras palabras, la nota de selectividad deseada de una hermana, la sonrisa de papá y mamá al volver a casa, que tu hermano consiga el trabajo de sus sueños, las bodas de oro de los abuelos y muchas cosas más, aunque la mayoría de las veces esa felicidad se produce solo con el sentimiento de pertenencia a una, con el saberse querido, respaldado y cuidado, con la certeza de que siempre hay alguien rezando y pidiendo a Dios por nosotros.

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