La realidad de vivir con una persona discapacitada

 En Ven a Casa

Si nos fijamos en nuestro alrededor vivimos en un mundo en el que da miedo o no nos gusta tener que convivir y tratar con personas que requieren una educación especial. Se tiende a pensar que hemos de tratarlas con delicadeza y de manera distinta al resto, que no se valen por sí misma, sintiendo pena y compasión por ellas. Parece que hay que gastar mucho tiempo en estas personas, y no nos damos cuenta de que en verdad ese tiempo lo ganamos. Convivir con una persona de educación especial nos aporta una cantidad de valores que no podemos ni imaginar y que ellas llevan inherentes.

Te enseñan a ver siempre lo bueno de los demás, a no juzgar a otros por sus aptitudes, y las cosas que son capaces de hacer, te enseñan a donarte a los demás y a salir de tu zona de confort.

-Yo tengo un hermano con Síndrome de Down, Santiago, que es una bendición, y es especial, no por tener una enfermedad, sino porque es una gran persona. Vivir con él, es prácticamente igual que vivir con un hermano sin discapacidad, porque al fin y al cabo haces planes con él, jugáis y reís juntos, habláis de vuestras cosas, etc, y además te enseña lo maravilloso que es poder darte a los demás y estar al servicio.

Nos lo encontramos día a día

Hablando con la gente en esta situación, me he encontrado a muchas personas que dicen que tener a alguien en la familia con necesidades especiales al principio les dio miedo y pensaban que no lo iban a hacer bien, que no iban a poder cubrir todas sus necesidades, que tendrían que renunciar a cosas y que les iban a mirar por la calle, y así es, pero por la felicidad que se ve en esas familias a pesar de las dificultades que puedan existir.

Poco a poco se va concienciando al mundo de que estas personas son capaces de hacer lo que se propongan: ganar medallas olímpicas, dirigir negocios, ser escritores, pintores, directores de cine, modelos, músicos y mucho más.

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